Al encuentro de los otros nosotros – Maipú – Social 21 – LA TENDENCIA

13 Jul
MAIPU VB5 Al encuentro de los otros nosotros – Maipú – Social 21 – LA TENDENCIA

7.7.2018. El sábado 7 de julio, marchamos al encuentro de los otros nosotros en Maipú. La cita fue en la cocinita del compañero Pablo Olano, quien nos recibió cálidamente con su familia y amigos. Mientras Marina, la dueña de casa, asaba un cordero a la cruz, la asamblea arrancó sin querer queriendo, al calor del fuego.

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Ferroviarios, músicos, maestras, zapateros y abogados nos pasamos el día debatiendo la Argentina. Nuestra Patria es de las más ricas del mundo: productora de excelentes carnes, vinos, artistas, profesionales y mano de obra. Por eso somos un gran peligro para las potencias imperiales, porque gracias al Estado Empresario que desarrollaron San Martín – Rosas – Yrigoyen – Perón tenemos la potencia para industrializarnos y así levantar a toda la Patria Grande. Para lograr eso hay que ir por un Plan de Pleno Empleo, que desde la nacionalización del comercio exterior, sustituya importaciones y vuelva a fabricar en el país.

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Que haya trabajo para todos es revolucionario, nos permitirá satisfacer las necesidades básicas de nuestro Pueblo (vivienda, salud, educación). Pero fundamentalmente, nos brindará el bendito tiempo libre que necesitamos para liberarnos: 8 horas de trabajo, 8 de descanso y 8 de esparcimiento. Los argentinos que hoy sufren el terrible flagelo de perder su valioso tiempo viajando y trabajando mal, podrán decidir qué hacer. Pasar tiempo con la familia, disfrutar de la música, hacer deporte, pasear, leer, desarrollarse cultural y espiritualmente. Solo el Pueblo salvará al Pueblo, por eso Social 21 se larga a armar lista con honestos, patriotas y valientes dispuestos a jugársela por la Liberación Nacional para llevar este proyecto a elecciones en el 2019. ¡Vamos por todo! 

 

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SOMISA: Reducidos al vasallaje

13 Jul

AYERBE TTYU JH OPINIÓN – POR: Martin Ayerbe

Desde la privatización de SOMISA por Triaca, Miguel, Brunelli, Gutierrez nos han reducido al vasallaje.

En 2019 vamos por lo que nos pertenece, por nuestros altos hornos, que se encuentran ilegítima y fraudulentamente en manos de Techint.

Bancas Bancadas Lucio Pedro Aberastain Ponte INP

Martin Ayerbe CANDIDATO A PRESIDENTE DE NACIÓN POR “SOCIAL 21 LA TENDENCIA”

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Hay que romper con el capitalismo

4 Jul

via Hay que romper con el capitalismo

Hay que romper con el capitalismo

4 Jul

OPINIÓN///

Bárbara Solernou ddfdf  Bárbara Solernou CANDIDATA A GOBERNADORA BONAERENSE – SOCIAL 21 LA TENDENCIA

El mercado no va más, hay que romper con el capitalismo. Y eso no es una simple expresión de deseo, eso tiene expresión práctica en un Proyecto de Liberación Nacional que se pondrá a disposición del voto popular a partir del 2019 y hasta que al Pueblo le llegue la hora.


Social 21, La Tendencia no es una agrupación, es un proyecto de Estado y de organización nacional a partir de nuevos paradigmas. 

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CUADERNO III – SOCIAL 21 LA TENDENCIA – ¿QUIÉNES SOMOS?, ¿DE DÓNDE VENIMOS?, ¿HACIA DÓNDE VAMOS?

2 Jul

via CUADERNO III – SOCIAL 21 LA TENDENCIA – ¿QUIÉNES SOMOS?, ¿DE DÓNDE VENIMOS?, ¿HACIA DÓNDE VAMOS?

CUADERNO III – SOCIAL 21 LA TENDENCIA – ¿QUIÉNES SOMOS?, ¿DE DÓNDE VENIMOS?, ¿HACIA DÓNDE VAMOS?

2 Jul

AYERBE TTYU JH.jpg¿QUIÉNES SOMOS?, ¿DE DÓNDE VENIMOS?, ¿HACIA DÓNDE VAMOS?
A La Negra Érika, a La Flaca Yanelis, bella gente del fango.
La modestia nunca fue una de nuestras cualidades. Peor aún, a veces el orgullo y la fe en lo propio son
sinceridad. Como ésta, por ejemplo… ¿No es sinceridad (y soberbia) contestar tamañas preguntas?…
Pues bien, nos importa tres carajos ser soberbios. Y las contestamos como nos da la gana. El pan lo hacemos
con la harina que hay, ¿vio? Además, a nosotros casi nadie nos dio harina. Y menos pan, je.
Somos los negros de mierda, los descastados. Sin éxito, han intentado educarnos a su estilo, más de una vez.
Pero nunca resistimos la tentación de romperlo todo y volver a la calle. A la intemperie, al gris de la masa conurba, al
barrio pobre. Porque en medio de la mugre (que reconocemos como propia, nuestro hábitat) florece algo puro y blanco.
Algo profundamente nuestro, que es del barrio, y que perderemos si nos vamos.
Como un lirio en medio del fango, el espíritu salvaje y noble de nuestra negritud está ahí.
Leal como Evita y generoso como El Che. Reo por donde se lo mire y fiel a sus fuentes. Valioso como un entero
Choclo en el puchero común de una pensión. Más pobre que el Gordo Cooke y Alicia Eguren juntos, llega a nosotros en
el rencor-voz de Tita Merello: “Con este tango, que es burlón y compadrito/ abrió sus alas la ilusión de mi suburbio./
Con este tango nació el tango, y como un grito/ piantó del sórdido barrial buscando el cielo./ Conjuro extraño de un
amor hecho cadencia/ que abrió caminos sin más ley que su esperanza/ mezcla de rabia, de dolor, de fe, de ausencia/
llorando en la inocencia de un ritmo juguetón…”
Lo que a continuación sigue, viene de ahí.
Del patio de tierra o de ladrillo. Del calentador y la cocina a kerosén. Del campo. Del olor a bosta y a tierra
mojada. Del pan con manteca. Del mate. Del indio simple, indefenso y desconfiado. Del gaucho, ni indio ni patrón, que
se tiende y filosofa en milongas sureras. De la decadente, existencial y agónica humillación del inmigrante, gente que
sabe que va a morirse acá, sin poder ni querer volver. De la soledad, la noche, el vino, el bar y el cigarrillo. Del amor
fugaz, quimérico y joven. Del desencanto cruel y la amargura inexorables.
Y del tango, esa extraña música, “un sentimiento triste que se baila”.
@1. El bandoneón vino de Alemania. Y la angustia.
La esencia es aquello sin lo cual la cosa deja de ser lo que es.
Esencia de un banco son las patas y el asiento, pues faltándole uno cualquiera de los dos, deja de ser un banco.
Ejemplo mínimo del banco es el del tambero, de una sola pata y de un solo asiento, que usa prendido al culo con un
piolín o cinturón, de manera que le quedan ambas manos libres para el ordeñe y el transporte de los tarros.
Seguramente inspirado en él, el campesino Heidegger se dio a la determinación de la esencia humana.
Buscó y buscó el alemán en busca de ese secreto, jamás indagado con tanta ferocidad antes de él. Pero una y
otra vez, tenazmente, cuando quitaba las múltiples máscaras de nuestro mundano existir, lo que siempre encontró fue
un ser humano. Un ser ya desnudo, sí, mas tan único e irrepetible como al principio de la tarea, cuando ni la primera
máscara había caído. Un ser individual, misterioso, sin molde común a la vista.
Pero, audaz y tozudo como pocos, ocultó su fracaso tan brillantemente que nadie lo tomó como tal.
Porque a falta de la huidiza esencia, que se le escapó para siempre, Heidegger determinó la materia de la que
se compone la vida humana: el tiempo. Materia que no debe confundirse con la esencia, de la misma forma que no
confundimos una estatua con el material sobre el cual está esculpida, sea éste el yeso, la madera, el mármol o el bronce.
Y dijo Heidegger: la vida humana es aquello que construimos con el tiempo que nos ha sido dado en este mundo, al que
hemos sido echados, en el que nos tocó caer. Porque no somos nada más que nosotros. No somos solamente el ser,
sino también nuestra circunstancia, el ahí al que fuimos condenados.
Por lo tanto, concluye el campesino nazi que llegó a rector de Friburgo, en el caso particularísimo de la
existencia humana, el ser, la esencia de lo que somos, aquello sin lo cual dejaríamos de ser esta persona en la cual nos
hemos convertido, es posterior a la existencia misma. En el hombre, su existencia precede a su esencia.
Porque un perro, un árbol, una piedra, hagan lo que hagan, suceda lo que les suceda, permanecerán por
siempre perro, árbol y piedra. Pues, en su caso, la esencia es anterior a la existencia.
Pero en nuestro caso, sigue filosofando el genio alemán, aquello en lo que nos vayamos convirtiendo
dependerá de lo que hagamos con el tiempo que nos tocó en suerte. Y tanto podremos ser felices o amargados,
exitosos o fracasados, héroes o traidores, leales o deshonestos. De nosotros depende en gran medida. De nosotros y de
la circunstancia en la que nos tocó caer. Ya que, en el caso de los humanos, es nuestra existencia la que precede y
determina nuestro ser, nuestra esencia. No al revés. Y así, fracasando, creó el existencialismo.
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Más humilde que Alemania, Argentina dice: A los cuarenta, cada uno tiene la cara que se merece.
De estas dos enormes y poderosas condiciones (ser responsables con nuestra circunstancia de aquello en lo
que nos hemos convertido, al tiempo que inocentes de la misma, ya que caímos en ella al ser echados al mundo) surge
nuestra angustia existencial. Angustia que, como todas las angustias, es un miedo que no reconoce causa alguna. Un
miedo a lo desconocido, al misterioso e inexorable paso del tiempo, ese inasible material con el cual construimos
nuestra existencia. Existencia que transcurre siempre en presente, en el ahora, habida cuenta de que el futuro es
tiempo nonato, que aún no es, y el pasado tiempo muerto, que ya fue.
Ya sé, no me digás,/ tenés razón,/ la vida es una herida absurda./ Y es todo, todo tan fugaz/ que es una curda,
nada más/ mi confesión./ Contame tu condena,/ confiame tu fracaso,/ ¿no ves la pena que me ha herido?
Unos quince años después, el profesor socialista francés Sartre coincide con el existencialismo del nazi alemán.

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Dice que la angustia es un sentimiento inherente al ser humano. Solo de él. Que la misma es interior a nuestro ser, que
es un habitante interno del que jamás podremos deshacernos en tanto humanos.
Porque el ser humano, explica el querido francesito, prologuista del negro Franz Fannon, es el único en tener
consciencia de sí. Y esa consciencia de nosotros mismos es como un espejo en el que podemos mirarnos y
reconocernos. Esta humana consciencia está separada del ser, tiene una distancia de él que le permite mirarlo. Pero el
ser, nuestro ser, con o sin consciencia de sí, seguirá existiendo, indetenible en el tiempo. En cambio la consciencia de
nosotros mismos tanto puede sobrevenir como ausentarse. No es una continuidad, se interrumpe. Y cuando sobreviene,
tiene una mínima distancia respecto del ser que, con o sin ella, seguirá existiendo.
Pues bien, ese mínimo separador entre nuestro ser humano y la consciencia de nosotros mismos, esa distancia
infinitesimal es la nada, dice Sartre. Nada que vive en nuestro interior, en lo más profundo de nuestra condición
humana. Nada que no compartimos con ninguna otra especie o ente. Nada que es nuestra marca de nacimiento y nos
acompañará durante toda nuestra vida. Nada que es la causa de nuestra angustia existencial. Pero también la que
permite la separación del ser y la consciencia de sí mediante la cual reflexionamos sobre nuestra propia vida. Nada
interior, fundante. Angustia existencial sin la cual la vida humana sería irreconocible.
Así Heidegger (Ser y Tiempo, 1927) y Sartre (El Ser y la Nada, 1943) entraron en la historia.
Lo mismo quiso hacer el Refutador Argentino de Leyendas (Ral) sin conseguirlo. Y más por haber nacido en
Argentina, un paisito de mierda, periférico e insignificante, que por falta de argumentos. Veamos:
Aproximadamente por 1934, el Ral anticipó a Sartre y profundizó a Heidegger. Según sus, para la época,
molestos (no modestos) pensamientos, el alemán se quedaba corto en cuanto a la angustia existencial. Porque lo que él
definía como la sustancia, la materia de la que se constituía la existencia humana (esto es, el tiempo) en realidad no
existía. Decía el Ral: El tiempo no existe. La existencia humana se compone de nada. Es una constante indeterminación.
Una angustiante incertidumbre que solo esa otra nada, la muerte, puede detener.
Y explicaba, el Ral: Que el futuro no existe, porque es tiempo que aún no llegó, y que el pasado tampoco
porque es tiempo que ya murió, es cosa sabida y admitida por todos. Sin embargo, hay resistencia a admitir que el
presente tampoco existe. Aunque para ello baste concederle, simular, asignarle un espesor: Si el presente tuviera un
mínimo espesor, la cara delantera sería futuro y la posterior pasado. Por lo tanto, no puede tener espesor, tiene que ser
infinitamente delgado. Y lo infinitamente delgado es la nada. El tiempo, no existe.
Menos riguroso en su lógica, pero mejor testigo de la angustia existencial, el tango recupera el offside del
fútbol como el ser-ahí, y le dice a su querido fuelle: Y esas ganas tremendas de llorar/ que a veces nos inundan sin
razón/ y el trago de licor que obliga a recordar/ que el alma está en orsay, che bandoneón.
@2. La cuarta dimensión yankee, una mentira griega.
Por la misma época en la que el Ral acosaba a Heidegger, andaban unos norteamericanos por nuestra
Argentina dando charlas de una desafiante, moderna y novísima Cuarta Dimensión. Su razonamiento era el siguiente:

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De acuerdo con Euclides, primero fue el punto. Luego, como consecuencia de agregarle al punto un movimiento, fue la
línea. Más tarde, sumándole un movimiento a la línea, sobrevino la superficie. Y después, al imponerle un movimiento a
la superficie, se creó el volumen. Y hasta ahí la geometría euclidiana, decían estos yankees. Pero si siguiéramos en el
mismo sentido, agregándole un movimiento al volumen, esto daría lugar a una cuarta dimensión que nuestra cabeza
aún no es capaz de concebir, pero que sin dudas existe, concluían.
Furioso al ver los pingües beneficios que los norteamericanos obtenían aquí y allá por sus disertaciones
académicas (mientras él era un humilde, intrascendente ratón de biblioteca) acometió contra yankees y griego.
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Dijo el Ral que era falso que primero fue el punto. Que la noción de punto no existe en la naturaleza. Que lo
que sí existe es la noción de volumen. Y que, por lo tanto, Euclides miente al decir que su camino fue desde el punto
hacia el volumen. Resulta más que evidente que fue al revés. La noción de volumen es la que la naturaleza nos da
primeramente. Siempre el volumen, aunque sea pequeño. Jamás el punto, decía, rojo de ira.
Y siguió el Ral: primero fue el volumen, al cual el griego le suprimió una dimensión, creando así a la superficie.
Luego siguió con sus amputaciones y, quitándole otra dimensión a la superficie, inventó la línea. Por último, repitió el
procedimiento con la línea, y así creó al punto. Esa es la verdadera secuencia histórica. Lo que estos pelotudos venidos
de Norteamérica cuentan como camino de ida en realidad es el de regreso al volumen inicial del cual Euclides partió. Y
esa supuesta incógnita de una cuarta dimensión, entre filosófica y geométrica, que estos brutos arguyen, es totalmente
falsa. Porque la verdadera incógnita es la nada hacia la cual avanzó el camino real. El de ida, no el de vuelta. Esa nada
que sobrevendría al suprimirle su dimensión al punto, y sobre la cual el coraje analítico de Euclides jamás se expidió.
Nada que es la verdadera y oculta pregunta filosófica, porque el cobarde prefirió disfrazar su regreso al volumen como
camino de ida. Mienten, los yankees y él.
Iracundos arranques los del Ral que, lejos de caer en saco roto, se irían convirtiendo en un rasgo argentino y
latinoamericano del cual venimos. Tropismo que nos construyó en un momento de nuestra historia y que, a sabiendas,
vamos abandonando en pos del Socialismo del Siglo XXI. Rasgos de colonia que el propio Ral trazaba en su humorística
reflexión respecto de la Argentina, a la cual perteneció y tal vez nunca supo amar: La Argentina es un país de
Sudamérica… habitado por italianos… que se creen que son ingleses.
Paradigmas que la historia oficial de golpes de estado, capitalismo periférico, subdesarrollo resignado y
subordinación cultural manipuló trabajosamente. Industriosa promoción de la injusticia y la desigualdad sobre los más
débiles de nosotros. Reflexiones envenenadas, depresivas, decadentes. Ideas madres del desánimo y la entrega más
humillantes. Adoración de lo ajeno, denigración de lo propio. Destrucción planificada de toda esperanza de cambio.
Construcción de pesimismo y sumisión chabacana al poder extranjero. De ahí venimos.
De ahí venimos, sí. Pero ya salimos… para nunca más volver.
En argentino se dice: Carancanfunfa se hizo al mar con tu bandera/ y en un pernó mezcló a París con Puente
Alsina./ Fuiste compadre del gavión y de la mina/ y hasta comadre del bacán y la pebeta…/ Por vos shusheta, cana, reo y
mishiadura/ se hicieron voces al nacer con tu destino/ misa de faldas, kerosén, tajo y cuchillo/ que ardió en los
conventillos y ardió en mi corazón.
@3. ¿Por qué la muerte?
No rendimos homenajes a los vivos con la misma devoción que a los muertos. Una verdad constatable en toda
la Patria Grande que nadie se atreve a desmentir. ¿Por qué?.
Porque mientras hay vida hay esperanza. Porque el más vil de todos nosotros puede redimirse en un último
acto de arrepentimiento, de inesperada generosidad… Y el más generoso perderse en un acto egoísta, o el más valiente
arrugar, morir cobardemente. Pero ya muertos somos más confiables, no podemos cambiar.
Además, sin la muerte acechando, sin ese final imprevisible, nuestra existencia tal como la conocemos se
vuelve absurda. Porque todos nuestros actos de generosidad (dedicarle tiempo a alguien, arriesgar esta vida que
sabemos finita, perecedera, para salvar la de otro, también finita, perecedera) no serían tales en ausencia de la muerte.
Una existencia infinita podría ser indiferente ante la desgracia ajena, ya que nadie puede morir y todo tiempo que se
pierda será recuperado más tarde. Con un infinito tiempo por delante, todos algún día seremos héroes, y más tarde
traidores, para volver después a ser héroes, y luego nuevamente traidores. Así por siempre. Peor aún, todas las vidas
posibles tendrían lugar en cada uno de los seres humanos. Que es como decir que todas las existencias serían una. Así,
todos los seres humanos seríamos uno solo, el mismo. Siempre.
Pero no es así. La muerte existe, y está ahí nomás. Se la advierte a cada minuto de nuestra existencia.
Y esto, el inexorable e incierto final (ningún hombre puede escapar a su destino, pero Dios acecha en los
intervalos) marca nuestra entero vivir. Porque la muerte, nuestra intransferible muerte, fija de una vez y para siempre la
persona que fuimos. Esa angustia heideggeriana-sartreana que el Ral potencia al infinito (el tiempo no existe: la
existencia humana es un ciento por ciento de… nada), no sólo es una pregunta dirigida al vacío existencial, también es
una pregunta hacia nosotros mismos. Es nuestra conciencia de nosotros mismos la que nos interpela respecto de
aquella persona en la que nos hemos convertido y de la que somos responsables.
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De ahí la paz o la angustia de algunos moribundos. No todos mueren con las cuentas en orden ni la tarea
cumplida. En la tradición de las religiones monoteístas, nuestro paso por la tierra es una especie de examen del que
depende nuestro infinito gozo en el cielo o nuestro infinito castigo en el infierno. El gaucho expresa dos finales solitarios
en su milonga: Si la muerte traicionera/ me acogota a su palenque, haganmé con dos rebenques/ la cruz pa’ mi
cabecera./ Mas, si muero en mi madriguera/ mirando los horizontes,/ no quiero cruces ni aprontes/ ni encargos para El
Eterno,/ tal vez pasao el invierno/ me dé sus flores el monte.
Hasta nuestra vida le debemos a un chispazo divino. Un comienzo en directo contacto con Dios y hacia el cual
vamos volviendo para que nos juzgue. Juicio que será benévolo solo si fuimos obedientes. Dios que, en el caso de los
cristianos, hace más de dos mil años ya que no habla sino a través de sus curas, monjas y laicos. Religiosos todos que
nos dicen que fuimos creados a Su imagen y semejanza. Dicho a partir del cual es difícil mantener la humildad. Y
existencia de Dios demostrada por Descartes en su más diplomática argucia.
Tal vez recordando a Nicolás Copérnico, Giordano Bruno y Galileo Galilei entre otros, el francés proveedor de
la razón instrumental, la justificación civilizatoria del capitalismo con su Pienso, luego existo, no habló sin tomar
precauciones. Por el contrario, procedió con todo respeto y obsecuencia hacia el orden papal.
Dijo Descartes: Aunque somos seres imperfectos, al mismo tiempo tenemos la idea de Lo Perfecto. Esta idea,
la de La Perfección es, obviamente externa a nosotros, ya que, en tanto imperfectos, somos impotentes para concebirla.
Porque quien puede lo más puede lo menos, pero no al revés. El efecto no puede ser más poderoso que su causa. Esta
Idea no puede venir de alguien imperfecto como nosotros. Necesariamente, para concebir Lo Perfecto, ese Ser debe
serlo también, debe estar a la par o por encima de lo que concibe. Pues bien, ese Ser Perfecto es Dios. Y nuestra idea de
La Perfección se constituye en La Prueba de su existencia…
Recién después de este brillo, ya lubricada su relación papal, lanzó Descartes su Cogito, ergo sum.
Idea que fue enunciada antes por San Agustín de Hipona, en su Ciudad de Dios, anticipándolo en… 1200 años.
Dijo San Agustín en el siglo V: Cuando pienso, tanto puedo estar cierto como equivocado. Pero no puedo errar nunca
respecto del hecho de que estoy pensando. Puesto que, acierte o yerre en lo que ocupa a mi pensamiento, siempre será
cierto, no puedo dudar, respecto del hecho de que estoy pensando.
Cabe a esta altura preguntarse: ¿por qué Descartes se volvió un pensador central de la humanidad y no San
Agustín que lo anticipó doce siglos antes?. La respuesta es que los vientos de la historia, el capitalismo y su incontenible
fuerza inicial, encontraron en Descartes la justificación filosófica para entrarle a sangre y fuego a todo lo que se opusiera
a su voluntad imperial. El capital invadía, mataba y saqueaba en nombre de Dios y de la civilización. España, Inglaterra,
Francia, Portugal, Holanda, Bélgica y la entera Europa se valieron de estas razones instrumentales en la salvaje
conquista de sus colonias de África, Asia, América y Oceanía.
De ahí que, con más Descartes y las religiones monoteístas, lo único que se logrará es la repetición del camino
recorrido. Una trillada versión del capitalismo con nuevos afeites, con maquillaje “principio de siglo”.
Ya en 1930 el tango argentino describió al capitalismo muy fiel y crudamente: Cuando la suerte, que es grela,/
fallando y fallando/ te largue parao…/ Cuando estés bien en la vía,/ sin rumbo, desesperao…/ Cuando no tengas ni fe,/
ni yerba de ayer/ secándose al sol…/ Cuando rajés los tamangos/ buscando ese mango/ que te haga morfar…/ la
indiferencia del mundo/ que es sorda y es mucha/ recién sentirás./ Verás que todo es mentira,/ verás que nada es
amor,/ que al mundo nada le importa…/ yira… yira…/ Aunque te quiebre la vida,/ aunque te muerda el dolor,/ no
esperés nunca una ayuda,/ ni una mano, ni un favor.
Urgen otros ideales. Nuevos paradigmas organizadores de la vida y el mundo. Otra visión. Un objetivo que
podamos compartir todos. Un cauce real, no simulado, para la continuidad de la vida y establecer la paz.
Algo nuevo y verdadero, que rompa la rutina del eterno retorno. Ese mito al cual Nietzsche (otro nazi como
Heidegger) pretendió condenarnos, y al que el capitalismo, subliminalmente, apela para naturalizarse.
@4. Así murió Zaratustra.
La tesis de Nietzsche, creador del Superhombre y asesino de Dios, es relativamente simple. Explica la
repetición inexorable de la historia, el eterno retorno de lo ya vivido, como un hecho físico: el mundo en el que vivimos,
la Tierra, es grande, muy grande, pero no infinita. En cambio el tiempo sí lo es, el tiempo sí es infinito.
Por lo tanto, sigue, en el infinito tiempo llegará el día en que la historia empiece a repetirse, ya que las posibles
combinaciones de los átomos de la Tierra son numerosísimas, pero no infinitas.
Y hasta ahí, Nietzsche.
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Tal vez azuzado por la altanería del alemán, nuestro Ral no resistió la tentación de hacerlo mierda.
Dijo que lo que la pobre imaginación del tedesco no advertía, era un error del sentido común de la gente (y
que resultaba imperdonable en un filósofo). Error que consistía en poder imaginar al infinito como algo infinitamente
grande, pero jamás como algo infinitamente pequeño. Error de aprendiz, se burlaba el Ral.
Sea el conjunto de los números pares, dijo. Podemos asegurar sin duda que es infinito. Sea ahora el de los
impares. También podemos afirmar que es infinito. Sea en tercer lugar el conjunto unión de pares e impares, al que
llamaremos naturales. También será infinito. Y así podríamos seguir con otros conjuntos, ad infinitum.
Por lo tanto, siguió, podemos intuir como condición de conjunto infinito la de aquel cuyas partes también lo
sean. Y, aceleró, si el espacio es infinito, también la Tierra, que es una de sus partes, debería serlo. Más aún, desafió,
loco, cada una de las subpartes de la Tierra (esta hoja, por ejemplo) debería serlo a su vez.
Sea entonces esta hoja A4 y una línea horizontal trazada a 15 cm de su borde superior. ¿La línea que le sigue es
la de 15,1 cm?, ¿o la de 15,01 cm?, ¿o la de 15,001 cm?, ¿o la de 15,0001 cm?, ¿o la de 15,000000…?.
Podemos intuir infinitas líneas entre la de los 15 cm y cualquier otra que le coloquemos a continuación. Porque
no importa cuánto achiquemos la distancia entre ellas, siempre será posible intercalar infinitas líneas entre ambas.
Porque el espacio es infinito. Y la Tierra, como parte de él, también es infinita. Y a su vez esta hoja A4, como parte de la
Tierra y del espacio, también lo es.
Por eso la historia jamás se repetirá, contrariamente a la afirmación de Nietzsche. Porque la posibilidad de que
ello ocurra en el infinito tiempo y en el infinito espacio (que el alemán creyó finito, limitado) es cero.
Válganos esta confrontación del Ral para irnos del mito del fatal, eterno retorno del capitalismo. Mito
instalado y sostenido a su entera, conservadora conveniencia. Mito que pretende cada uno de nuestros cambios, cada
avance socialista, como algo perecedero. Y cada restauración capitalista como fuerza natural, como hecho inexorable.
Basta. La historia no se repite por sí misma. Es la voluntad de los hombres la que puede intentarlo, sin jamás
conseguirlo. Un hombre no puede bañarse dos veces en el mismo río, porque ni él ni el río se repiten.
@5. La Pachamama, el Pachakuti.
Hasta el punto anterior, el quiénes somos y el de dónde venimos. Aquí el hacia dónde vamos.
Es evidente el pacto de no agresión de las tres religiones monoteístas. Judíos, musulmanes y cristianos han
pactado no pelearse más de la cuenta, y hacer pelota al resto. Los tres difieren en el espíritu del más allá, pero coinciden
en el capitalismo del más acá… No separe Dios lo que el capital ha unido.
Contrariando al capitalismo y sus sirvientas, nuestros pueblos originarios insisten en la Pachamama.
Peor todavía, consideran nuestras vidas como una consecuencia biológica, una continuidad de la vida en
general. Vida que compartimos con nuestro hermano árbol y nuestro hermano puma. Vida a través de la cual
compartimos la eternidad (nada menos) con aquellos que nos precedieron y aquellos que nos sigan. Eternidad que
transcurre aquí y ahora, que empezó antes y seguirá después. Eternidad compartida por todos, por el sujeto colectivo
natural que constituimos nosotros también, creados a imagen y semejanza de… nosotros mismos, nuestra especie.
Seres vivos que, junto a los otros, tenemos la responsabilidad de ayudarnos a sobrevivir. Vida preciosa a la que debemos
honrar con la misma devoción y gratitud con que los hijos se dirigen a su madre.
Y para ello (predican, insisten nuestros indios) no alcanza con la justicia humana. Hace falta equilibrio. Hay que
ir más allá de la reivindicación de un derecho, ser más profundos. Debemos abandonar el ansia material de vivir mejor y
más cómodos, por el deseo espiritual de vivir bien y en armonía. He ahí la diferencia.
Cuando un inca asesinaba a otro, era condenado a trabajos forzados de por vida, obligado a mantener su
propia familia y la de su víctima. Esto es, intentaban restaurar el daño provocado por el asesinato. Pretendían
restablecer el equilibrio social (una familia y su correspondiente sostén, su proveedor) que el asesino había roto.
Con la llegada de la justicia huinca, el daño se duplicó: la prisión o la muerte del victimario desamparó a ambas
familias. En esta nueva noción, aplicar el castigo era más importante que restablecer el equilibrio.
Cuando nuestros pueblos originarios acumulaban 14 meses de alimentos, dejaban de trabajar. Porque seguir
extrayendo de la naturaleza la lastimaba sin beneficio alguno. Frenaban, buscando el equilibrio entre sus necesidades y
las de la Pachamama. Asegurado el común sustento, no tenía sentido seguir acumulando.
Con la llegada del huinca, la acumulación de riquezas ya no tuvo límites. El hombre blanco, creado a imagen y
semejanza de Dios, se enseñoreó sobre la naturaleza y esos, sus bípedos implumes, los indios. El afán imperial exaltado
por Descartes, que subordinaba la existencia al pensamiento, construyendo una centralidad en la razón humana que las
religiones monoteístas reforzaban por medio de la fe, produjo este mundo de hoy.
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Mundo al que Kant intentó resistir desde adentro (tan racional como cristiano él) predicando su ética sub
specie aeternitatis por la cual deberíamos proceder de una forma, tener una conducta tal, que todos los demás también
pudieran hacerlo. Y que ese criterio según el que actuamos, esa disciplina, se pudiera repetir en el tiempo, por siempre.
Así Kant anulaba de un trazo todo privilegio personal de actuar por excepción, fuera de la regla colectiva, exterior a la
común norma. Y de otro igualmente potente toda excepción temporal, todo hecho (no sustentable, diríamos hoy) que
no pudiera perpetuarse ad infinitum… Ni el Ral podría negarse.
Pero el capitalismo sí lo hizo. El capitalismo se negó. Entre Dios y el Cesar, eligió al segundo, obvio.
Y las jerarquías religiosas cristiana, judía y musulmana también. Así ordenadas, en poder decreciente.
No contentos con la anulación del Limbo (institución celestial para refugio de santos y patriarcas antiguos a la
espera de la redención del género humano, así como de las almas de quienes, todavía sin uso de razón, murieron sin
bautizarse) el todopoderoso Vaticano también modificó el Sermón de la Montaña (la única oración salida directamente
de labios de Jesús, el Cristo, popularmente conocida como El Padre Nuestro).
La primera de estas decisiones generó furiosas protestas de pilotos de Aerolíneas Argentinas, que ven a sus
rutas aéreas pobladas de niños y viejos de antiguo aspecto, a los cuales les resulta difícil esquivar con sus enormes
aviones. La segunda produjo la inmediata algarabía de Wall Street y sus fondos buitres, ya que la modificación los
favorece largamente: en donde decía perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores,
ahora es perdona nuestras ofensas así como nosotros perdonamos a quienes nos ofenden. Esto tranquilizó a los
mercados, interpelados por curas tercermundistas que, en un abierto giro materialista y dialéctico, se dieron a combinar
la institución bíblica del Jubileo (perdón de deudas cada 50 años) con El Padre Nuestro y la Deuda Externa de los países
pobres. Sistema de suma cero, decían, amenazantes.
Furioso como siempre, antes de morir, tan anglicano como pudo y más imprudente que nunca, el Ral trató al
Vaticano de secta judía disidente administrada por italianos. Juicio de valor previo al argentino Papa Francisco, por
supuesto (y del que habría obtenido una audiencia de paz, conciliatoria, por supuesto). Amén.
Pero no se trata aquí de intenciones, ni de deseos, ni de posibilidades pretéritas o futuras. Se trata de un
hecho sobresaliente y excluyente del resto: estamos en peligro de extinción. El capitalismo nos va a dejar sin planeta. Su
progreso benefició a unos pocos, su fracaso nos perjudicará a todos. La desigualdad no es el peor de sus males, la
depredación salvaje de la Pachamama lo es. Ahora que parte de la China y la India se apoyan en sus tecnologías, queda a
la vista el horizonte de su desarrollo: el efecto invernadero, la contaminación creciente, el agotamiento de recursos no
renovables, la tozudez imperialista de sus mandantes, el sufrimiento ilimitado que es capaz de provocar a quienes se le
opongan, la imposibilidad de compartir el modo de vida que propone.
Tenemos que recuperar el imperativo categórico kantiano que no supimos atender en el siglo XVIII.
Tenemos que proveerle a las verdades de nuestra Pachamama y nuestro Pachakuti la fuerza histórica de este
Socialismo del Siglo XXI, análogamente a lo que hizo el capitalismo cartesiano con las de San Agustín de Hipona en el
siglo XVII. No podremos lograr el cambio que necesitamos desde adentro del capitalismo, repitiendo los mismos
procedimientos. Necesitamos nuevos paradigmas organizadores del mundo y de la vida.
Inventamos o erramos.
El futuro ya llegó. Para nosotros existe una sola clase de hombres, los que trabajan. La Patria es el otro. Donde
hay una necesidad hay un derecho. Tengamos un amor eficaz. El equilibrio es más que la justicia. Vivir bien va más allá
del vivir mejor. No robar, no mentir, no ser haragán. Ser khapac, ser kamiri, ser yambae.
Ecuador y Bolivia han tomado la delantera: la Pachamama es un ser pleno de derechos constitucionales y sus
efectos derraman jurisprudencia más allá de sus fronteras, en países capitalistas con otras constituciones.
En Argentina, una señora se apiadó de la vieja orangutana Sandra, que iba a morir en su estrecha jaula del
zoológico de Buenos Aires sin volver a la selva. Interpuso un recurso de habeas corpus ante la Sala II de la Cámara de
Casación Penal, como si se tratara de una persona. Sorprendida pero no inmóvil, conmovida ante la evidente injusticia
(20 años de cautiverio solo en el zoo de Bs As), la Cámara falló a favor de la mona. Sentó jurisprudencia apoyándose en
obras del también argentino y juez Zaffaroni (‘La Pachamama y el humano’, entre otras). Creó precedente con el fallo
(obliga al zoológico a llevarla a una reserva natural de Brasil para permitirle bien morir en la selva) y también con un
oxímoron: en su dictamen se refirió a su protegida como sujeto no humano, creando una nueva categoría ontológica a
la cual la vieja Sandra, evidentemente, pertenece.
¿Travesuras de la Pachamama? ¿Duendes ancestrales de los pueblos originarios corriendo al tribunal en
defensa de su hermana mona? ¿Sentimientos que crean pensamientos? ¿Qué diría el yorugua Galeano?…
social21.latendencia@gmail.com Social 21, La Tendencia / Cátedras Bárbaras
La periodista argentina Russo (tocaya de la mona) no dudó en citar al canciller Choquehuanca (2006): Nosotros
queremos un cambio para volver a nuestro camino de equilibrio. No solamente entre los hombres, buscamos una
armonía fundamentalmente entre el hombre y la naturaleza… Este Gobierno inicia una etapa histórica donde en vez de
hablar de desarrollo, del vivir mejor, nosotros hablamos del vivir bien… Todos los programas de desarrollo, desde los
Gobiernos, desde los Estados, desde las Iglesias, desde las ONGs, buscan vivir mejor. Nosotros simplemente queremos
vivir bien… Todos somos parte de la vida, todos dependemos de todos, todos nos complementamos. Cada piedra, cada
animal, cada flor, cada estrella, cada árbol, cada ser humano, dentro de nuestra concepción, somos un solo cuerpo.
Estamos unidos a todas las otras partes o fenómenos de la realidad. Vivimos de la Madre Tierra y también para ella, y en
constante diálogo con ella. Ella nos da vida, alimentos, vestido y techo. Sacamos de ella lo que necesitamos para nuestra
vida comunitaria y le devolvemos lo que ella necesita para reproducirse… Nuestra lucha va más allá de la búsqueda de la
libertad. Queremos libertad, pero vamos más allá. No buscamos solamente una sociedad complementaria, queremos
una vida complementaria… No solamente buscamos justicia. Cuando decimos que buscamos justicia es una propuesta
excluyente porque estamos hablando solo de los seres humanos. No tomamos en cuenta al todo… Nosotros hablamos
del Pachakuti. No solamente hablamos de justicia, nuestra lucha va más allá de la justicia. Queremos el equilibrio…
Simples y directos, nuestros pueblos originarios. Exacto lo que precisamos.
He ahí hacia dónde vamos. La Pachamama y el Pachakuti. Atrás quedan la desigualdad y el desenfreno del
consumismo, la plusvalía como ordenadora del mundo y de la vida, la ambición asesina del capitalismo.

CLÍNICAS AL BORDE DEL CIERRE: DENUNCIAN INCUMPLIMIENTO DE IOMA Y PAMI

29 Jun

LasBancasyLasBancadas

20180628115410_feclibaVARIAS CLÍNICAS AL BORDE DEL CIERRE: DENUNCIAN INCUMPLIMIENTO DE IOMA Y PAMI 
Representantes de clínicas bonaerenses advirtieron su preocupación por la creciente desfinanciación a raíz de la falta de actualización en las prestaciones por parte de las obras sociales PAMI y IOMA.
Empresarios de la salud enrolados en entidades como FECLIBA, ACLIBA I, ACLIBA II, ACLIBA III, ACLIBA IV, ADECRA y CONFECLISA afirmaron que peligra en muchos casos la continuidad de los establecimientos y, con ello la posibilidad de mantener miles de puestos de trabajo, tanto directos como indirectos, que se vinculan con la salud.
“Las instituciones sanatoriales se encuentran en un estado financiero y económico altamente crítico” aseguraron en una reunión cumbre realizada en las últimas horas en la capital bonaerense.
Asimismo afirmaron que hay “una enorme preocupación por la falta de una actualización real, y coherente con la situación actual, de los valores de las prestaciones que se…

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